MURILLO Y SEVILLA (1618-2018): CONFERENCIAS EN LA FACULTAD DE GEOGRAFIA E HISTORIA

Author: Vv.aa.

sevillana de la época se caracterizaba por su fervor religioso y su devoción a la Virgen María. La ciudad era conocida por sus numerosas iglesias y hermandades, que organizaban procesiones y celebraciones religiosas a lo largo de todo el año.

En aquellos tiempos, Sevilla era un importante centro cultural y artístico. Grandes pintores como Velázquez y Zurbarán dejaron su huella en la ciudad, pero fue Bartolomé Esteban Murillo quien se convirtió en el artista más emblemático de la época. Sus obras, caracterizadas por su estilo realista y su profundo sentido religioso, capturaban la esencia de la devoción sevillana.

La influencia de Murillo no se limitaba solo al ámbito artístico. Su figura se convirtió en un símbolo de la ciudad y sus obras eran admiradas y valoradas en toda Europa. Los impresores de Amsterdam, conscientes de la fama del artista, decidieron aprovecharla para promocionar las postales de Sevilla en el continente.

Así fue como surgió el famoso proverbio «Quien no ha visto Sevilla, no ha visto maravilla». Estas palabras, impresas en las postales de la capital hispalense, despertaban la curiosidad y el interés de quienes las recibían. Era como una invitación a descubrir la belleza y el encanto de una ciudad llena de historia y cultura.

Sin embargo, la sociedad sevillana de la época apenas era consciente de esta propaganda. Sus preocupaciones estaban más centradas en su vida religiosa y en honrar a la Virgen María. Las procesiones, los altares y las celebraciones religiosas eran el centro de la vida social y espiritual de la ciudad.

Pero, a pesar de esta devoción, Sevilla también era una ciudad llena de contrastes. Sus calles estrechas y empedradas albergaban todo tipo de personajes y actividades. Los mercados, las tabernas y las plazas eran lugares de encuentro y de intercambio cultural. Sevilla era una ciudad abierta al mundo, donde convivían diferentes culturas y tradiciones.

En conclusión, en el año 1618, coincidiendo con el bautismo de Murillo, los impresores de Amsterdam aprovecharon la fama del artista para promocionar las postales de Sevilla en Europa. Sin embargo, la sociedad sevillana de la época estaba más preocupada por su vida religiosa y su devoción a la Virgen María. A pesar de ello, Sevilla era una ciudad llena de contrastes, donde la cultura y la tradición se mezclaban en sus calles estrechas y empedradas.

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